Fue un movimiento apenas perceptible: ni girar la cabeza, ni una mirada, solo un leve encogimiento de hombros, como si el cuerpo se defendiera instintivamente de algo desagradable. Me detuve. Mi corazón latía tan fuerte que temí despertarlo.
Fue un movimiento apenas perceptible: ni girar la cabeza, ni una mirada, solo un leve encogimiento de hombros, como si el cuerpo se
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