El silencio en el gimnasio se volvió denso. Decenas de ojos se fijaban en Anna, que estaba de pie con la cabeza baja. Parecía frágil, quebrada, como alguien dispuesto a aceptar la humillación que le había sido asignada. Algunos estudiantes ya levantaban sus teléfonos para obtener mejor ángulo. En sus mentes, era solo otro momento que por la noche se convertiría en un breve video con risas en los comentarios.
Anna respiró despacio. Y luego hizo algo que nadie esperaba. Levantó la cabeza. Su mirada era tranquila. No suplicante, no asustada. Era firme,
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