En una región cercana a Montpellier vivía un cantero de treinta y seis años llamado Julien Lefèvre. No era un hombre de grandes palabras, sino de actos firmes. Reparaba techos después de las tormentas, ayudaba a los vecinos sin esperar recompensa y nunca miraba hacia otro lado cuando alguien necesitaba una mano.
En una región cercana a Montpellier vivía un cantero de treinta y seis años llamado Julien Lefèvre. No era un hombre de grandes
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