Estaba sentada sola en la sala de estar, con el teléfono apretado entre las manos. Los dedos me temblaban, pero la voz en mi cabeza era tranquila y clara. Durante ocho años no llevé ese número en la memoria, no porque lo hubiera olvidado, sino porque esperaba no tener que marcarlo nunca. Era una vida que había guardado en un cajón antes de casarme, que cerré con cuidado, eché llave y decidí que el pasado se quedaría en el pasado.
“¿Ya es el momento?” escuché una voz al otro lado. La misma, calmada, directa. “Sí,” respondí. “Es el momento.” Mi esposo estaba acostumbrado
[...]








