Cuando mi esposa Élodie y yo pronunciamos por primera vez la palabra adopción, no había desesperación en ella. Había esperanza. Después de años de intentos fallidos, exámenes médicos y noches silenciosas llenas de preguntas no dichas, por fin nos permitimos aceptar que la paternidad no tenía por qué adoptar la forma que una vez habíamos soñado. Y que eso no significaba menos amor.
Cuando mi esposa Élodie y yo pronunciamos por primera vez la palabra adopción, no había desesperación en ella. Había esperanza. Después de años
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