Visitantes inesperados debajo de la cama: la aterradora verdad que también te puede pasar

Nunca creí en las historias de terror. Pensaba que los relatos escalofriantes eran solo para el cine y los libros, y que en la vida real esas cosas simplemente no suceden. Pero lo que pasó una noche cualquiera en nuestro departamento cambió por completo mi idea de la seguridad que dábamos por sentada.

Era viernes. Mi marido estaba de viaje por trabajo y yo me quedé sola en casa con nuestro hijo de cinco años. La noche transcurrió tranquila: baño, un cuento, a dormir. Después de las diez ya reinaba el silencio y yo me acosté, agotada por el día. Miré el celular por última vez y apagué la luz.

Estaba a punto de quedarme dormida cuando escuché un golpecito suave. Pensé que venía de la calle, pero volvió a oírse otra vez, esta vez directamente desde debajo de la cama. Era bajo, pero claro. Algo se movió. Me quedé paralizada. El corazón me latía tan fuerte que lo sentía en la garganta.

Lo primero que pensé fue que me lo estaba imaginando. Pero entonces escuché una respiración. Pesada, acelerada… y definitivamente no era la mía. En ese momento se me heló la sangre. Agarré el teléfono, prendí la linterna en silencio y me deslicé fuera de la cama. De rodillas, alumbré debajo. Y ahí lo vi.

Ojos. Dos ojos mirándome. En la sombra, hecho un ovillo, había un hombre. Un hombre desconocido, sucio, asustado… escondido debajo de mi cama.

Enseguida agarré a mi hijo del cuarto de al lado, nos encerré en el baño y llamé a la policía. La espera fue eterna. El hombre no intentó irse; solo se quedó ahí. Cuando llegaron los policías, supimos que era un indigente que había entrado al edificio por una ventana abierta del sótano y llevaba varias horas escondido. Elegía departamentos que parecían vacíos: decía que solo quería dormir.

¿Pero qué hubiera pasado si no escuchaba ese ruido? ¿Y si decidía hacer otra cosa?

Desde entonces, cada noche cierro con llave todas las ventanas, reviso cada rincón y no miro más películas de terror: no las necesito. Ya viví la mía propia.

Y a vos te doy un consejo: si de noche escuchás algo raro, no te digas que “es la casa que cruje”. Tal vez realmente haya alguien ahí. Y tal vez no esté esperando a que te duermas… quizá ya te esté mirando. 😨

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