Después del funeral de su madre, Anna fue al hospital a recoger sus pertenencias personales. Había postergado ese momento todo lo posible, como si con ello pudiera retrasar también la aceptación de la realidad. Cinco días habían pasado desde la despedida, difusos como en una niebla, pero la sensación de vacío en su pecho no disminuía. Cada respiración era pesada, cada pensamiento fragmentado. El mundo seguía adelante, mientras el suyo se había detenido.
Estaba en el pasillo del hospital municipal con una bolsa de plástico común en la mano. Era ligera, y sin embargo tenía un
[...]








