Entré en medio del salón con una calma tan absoluta que resultaba inquietante. Los tacones resonaban en el silencio que de pronto se extendió por la casa. Las risas cesaron; la música seguía sonando, pero parecía ajena, fuera de lugar. Todos se volvieron hacia mí.
Entré en medio del salón con una calma tan absoluta que resultaba inquietante. Los tacones resonaban en el silencio que de pronto se
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